07192019Headline:

El casco que le salvó la vida a un soldado argentino en Malvinas se vende online a 13.000

Una publicación en ebay, una de las tiendas online más famosas del mundo, llama la atención por el producto a la venta. “Casco de un soldado argentino de la batalla de Monte Longdon”, dice.

El casco, perforado por las esquirlas de un mortero, lleva el nombre de quien fue su dueño en 1982: Jorge “Beto”Altieri. La publicación aclara que el soldado está vivo, y su precio es de 10.500 libras esterlinas, un poco más de 13.000 dólares o medio millón de pesos argentinos.
Altieri, veterano de Malvinas, dice con calma que conoce la historia. Y que no es la primera vez que subastan el casco que le salvó la vida. Él mismo intentó comprarlo, 30 años después de la guerra, cuando supo aquella vez que lo estaban rematando. Hizo la oferta, pero en el último minuto un inglés triplicó la oferta y se lo llevó.

Jorge Beto Altieri: “Perdí tejido de la parte izquierda de mi cerebro que contiene los circuitos de conducción del brazo, la pierna y el habla. También perdí mi ojo izquierdo. Tengo una prótesis ahora”

A lo largo de estos casi 37 años de pos guerra, existieron gran cantidad de gestos de reconciliación entre veteranos de ambos países. Así, se han devuelto pertenencias -cascos, casacas, y hasta una trompeta- que luego de las batallas los soldados británicos se llevaron como recuerdos de combate. Pero esta vez eso no ocurrió.

El soldado, que combatió en la terrible batalla de Monte Longdon, reconoce claramente su casco: él escribió con birome “Beto Altieri” en la parte interna.

 

“Querría pagar por el casco lo que el coleccionista pagó en la primera subasta, alrededor de unas 800 libras. Me sorprende el precio que tiene ahora”, dice.

El británico Bruce, que compró el trofeo de guerra hace casi 7 años y hoy lo puso en subasta, le confirma a Infobae que está dispuesto a desprenderse del casco pero sin bajarle el precio.

“Un casco de la Segunda Guerra mundial por sí solo, sin nombre, se ha rematado hace poco tiempo en 55 mil libras”, aclara. “Las militarias u objetos de colección de la guerra de Malvinas tienen un precio infinitamente menor, pero este caso es especial. Combina la historia del soldado, el hecho de que esté vivo y tenga su nombre, y que la batalla de Monte Longdon haya sido la más importante para el Regimiento De Paracaidistas III británico”, asegura.

“El casco tiene además la perforación de los impactos que provocaron las graves heridas al soldado, y eso lo hace una pieza única”, agrega.
En la página online, Bruce o blackrottie, según su user de coleccionista, aclara: “El soldado argentino está vivo y bien, por lo que, desde un punto de vista histórico, este casco tiene en mi opinión un precio conservador”.

El británico hace un extenso relato de la historia de Altieri en las islas -tanto en inglés como en español- y especifica que “el nombre de Altieri está escrito en el interior, también se puede leer Beto. La metralla del mortero causó un daño tremendo al casco, la cubierta de acero se abrió y la esquirla continuó a través del forro”.

El vendedor reproduce testimonios que el soldado argentino ha dado en distintas entrevistas para describir el trágico instante de la batalla donde pudo haber muerto: “Agarré mi cabeza … Perdí tejido de la parte izquierda de mi cerebro que contiene los circuitos de conducción del brazo, la pierna y el habla. También perdí mi ojo izquierdo. Tengo una prótesis ahora”.

Y agrega, para darle fuerza al relato, más palabras de Altieri donde describe su difícil regreso a casa: “Recuerdo ciertos momentos en los que estuve en el hospital, pero otros detalles los conozco solo porque me lo han dicho. Dicen que los insulté a todos y les grité que eran cobardes porque no iban a pelear, pidiéndoles que fueran a ayudar a nuestros compañeros. Eran soldados que estaban sirviendo en el hospital, no combatientes… Me quedé en la isla hasta el 14 de junio, fui transportado en el último avión Hércules que partió de Malvinas para el continente”.
Pero ahora es Beto Altieri quien, consultado por Infobae, revela cómo llegó a las islas, sus experiencias en la guerra y el destino de su casco. Pasaron más de tres décadas, y aunque habla con serenidad, aun hoy se hace planteos que no tienen respuestas.

“Soy uno de esos tantos soldados clase 62 convocados para ir a defender la Patria. Hice el servicio militar obligatorio en 1981, en marzo de 1982 me dieron la baja, y me volvieron a incorporar en abril. Cuando llegamos a Malvinas nos instalamos en un lugar que solo mucho después supimos cómo se llamaba, era Monte Longdon. Estuvimos ahí hasta el 11 de junio, a las 9 o 10 de la noche que empezó el combate. Éramos 200 soldados, argentinos, yo era de la Compañía B Maipú, del Regimiento 7 de La Plata Coronel Conde. Nos enfrentamos al Batallón de Paracaidistas III, integrado por más de 400 británicos. Tuvimos apoyo de integrantes de la Compañía C del Regimiento 7, que vinieron a ayudarnos para poder bajar del Monte”, dice.
Rememora el momento en que sintió que las esquirlas del mortero lo tiraban hacia atrás en su trinchera, la sangre corría por su cara, el casco se rasgaba como papel, el dolor era insoportable: “Aproximadamente a las 5.30 de la mañana, y tras un largo combate, me hirieron en la cabeza. Gracias a Dios, yo tenía ese casco… A un Sargento Primero del Escuadrón de Exploración de Blindados 10, lo mataron y al soldado Rito lo hirieron en las piernas. Cuando uno está metido en la batalla no se da cuenta de las cosas que pasan… Con el tiempo vas procesando los vivido”.

La primera noticia que tuvo de su casco fue hace siete años: “Me llamó un muchachito y me dijo que estaba siendo rematado en Londres. ‘Tiene su nombre, es su casco’, me dijo. Cuando vi la foto, lo reconocí inmediatamente: tenía marcado el impacto. Quise comprarlo en el remate y, faltando un minuto para cerrar la venta, un hombre inglés ofreció mucha más plata y me ganó”.

“Resultó ser el mismo hombre que lo vende hoy. Nunca me lo quiso devolver y eso que yo no quería que me lo regalara… Pero para mí era y es muy importante. Es el casco que me salvó la vida, que me permitió formar una familia, que me permitió caminar por el país hablando con cada uno de los que estuvo en Malvinas”, confiesa con emoción.

“Hace un tiempo, un amigo mío que viajó a Londres fue a ver al dueño del casco. Quería saber si me lo vendía por el valor que él había pagado en aquella primera subasta, pero no aceptó. Me dijeron que hay tratados internacionales que determinan que si se encuentran elementos de guerra y su dueño es identificado, se le deben devolver. Pero en este caso aun no pasó”.
“Fíjese cómo es la vida: yo combatí en Longdon, pero cuando terminó la guerra mi casco apareció en Puerto Argentino y quien lo encontró nunca supo que me había salvado la vida. Posiblemente fue un Para III que combatió contra mí en el monte…”, reflexiona.

Altieri recibió heridas de muchísima gravedad, y fue este casco el que lo protegió de una muerte segura. Al regresar de la guerra fue intervenido en el Hospital Regional de Comodoro Rivadavia, donde durante su recuperación se fotografió junto a su padre. Con los años esta imagen se convirtió en un símbolo: es la que le recuerda cada día “el milagro de estar vivo”.

La marca de los impactos y los agujeros que dejaron las esquilaras, son los detalles que convierten hoy al casco de Altieri en un objeto de valor para los coleccionistas de material bélico.

La publicación de Bruce invita a los compradores a ofertar: “Una rara oportunidad de poseer una pieza impresionante de la historia militar de la infame y sangrienta Batalla de Monte Longdon, que tuvo lugar los días 11 y 12 de Junio de 1982, durante la Guerra de Malvinas. VGM Jorge Beto Altieri, recibió severas lesiones en la cabeza causadas por la metralla de los morteros británicos”. Y debajo, el precio de 10.500 libras.
Beto Altieri es el soldado que volvió de la muerte. Así lo siente. Su casco destrozado es el fiel testimonio de las graves heridas que sufrió. “A pesar de las terribles secuelas que enfrento a diario sé que sin él no estaría vivo. Malvinas está presente todos los días en mi vida, porque cuando me levanto me tengo que vestir con una mano, atarme la zapatilla con una mano, limpiarme el ojo, con una mano. Me miro al espejo y veo Malvinas”, confesó hace unos años y repite hoy conmovido.

Para mantener viva la memoria, el veterano -junto a sus compañeros del Centro Argentino de Heridos en Malvinas- da charlas en las escuelas de todo el país. Es una forma de homenajear a los que nunca regresaron.

 

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