11222017Headline:

Raúl Ramis, un castense encargado de la reparación del rompehielos Irizar

Raúl Ramis es un castense que hace varios años se encuentra radicado en Buenos Aires, es Ingeniero Naval y uno de los logros más importantes en su carrera es estar a cargo de la reparación del rompehielos Almirante Irizar.

En el comienzo de la entrevista nos dice, “soy de Castex, sigo siendo de Castex y orgullosamente castense”, entre risas, y cuenta, “siempre me preguntan ¿cómo un ingeniero naval de La Pampa? Y les contesto, ‘soy de Castex‘ y todos conocen a mi pueblo porque han pasado por allí en la ruta 35, además de forma irónica les digo desde que Mendoza nos sacó el río estudié ingeniería naval, soy de la promoción de Hugo Sánchez, ‘Tato’ Bottino, el ‘Turco’ Intronatti, entre varios compañeros y conocidos vecinos de esta ciudad”.

¿Cómo surgió la idea de estudiar ingeniería naval?

Cursé el colegio industrial de General Pico, luego ingresé en la carrera de electromecánica, allí mismo, pero era una facultad similar a un secundario, no había un ambiente universitario y sentía que quería algo más.

Mandé a averiguar las carreras y vi ingeniería naval, es un carrera complicada, linda y muy amplia, éramos unos 8 o 9 estudiantes.

Tuve la suerte de trabajar siempre en esto, veía ingenieros trabajando en taxis y otros oficios, pero siempre pude desempeñarme en lo mío y para adelante.

¿Cómo llega al rompehielos Irizar?

La semana pasada llegué de la Antártida, fuimos a hacer la prueba de hielo, acá se inspecciona la propulsión, prueba de mar y la de hielo, es lograr un estándar en romper 1 metro de hielo a 8 nudos y también romper entre 4 metros a 3 nudos, por suerte todo salió bien y un hermoso paisaje.

¿Cómo es la historia del Irizar?, porque por varios años no estuvo funcionando…

Cuándo volvía de la campaña 2006- 2007, a unas 150 millas náuticas de Puerto Madryn, sufrió un incendio, se perdió el 80% del buque y surgen varias posibilidades: repararlo en el exterior o modernizarlo en Argentina. Por suerte la decisión política fue hacerlo en el país.

En el 2008 la ministro (Nilda) Garré decide hacerlo acá, comienza el estudio de contrato y en el 2010 se firma, antes de algunas modificaciones, la obra comienza ahí y como defensor de este proyecto digo que tardó unos 6 o 7 años.

¿Cuál es la función del buque?

Es un rompehielos y la función es llegar a la Antártida, la importancia que tiene es la nave insignia de la Armada Argentina. Es fundamental la presencia del país en ese lugar, vemos la inmensidad que tenemos ahí porque es fundamental estar.

Somos el puerto logístico a la Antártida, deben entrar por nuestro país y el aprovechamiento que se da, todo se logra estando ahí y se hace a través de un buque. Hoy es uno de los 10 más grandes del mundo, es la obra más importante de los últimos 80 años.

Hasta ahora a la base se llegaba con rompehielos alquilados o por vuelos. Este buque lleva provisiones al lugar pero además se amplió el concepto y es una plataforma científica con 415 metros cuadrados de laboratorio científico con una capacidad para 80 científicos, tiene una plataforma de investigación.

¿Usted estuvo a cargo de todo el proyecto?

Claro. Soy el director del proyecto y debajo mío hay un equipo de 10 ingenieros navales, 3 ingenieros eléctricos y 2 ingenieros mecánicos, formamos una oficina de 20 personas que manejamos todo el proyecto, además de todas las personas del Astillero Tandanor, unas 600 personas.

Esta obra fue muy discutida a nivel político pero logramos demostrar que se hizo en tiempo, se gastaron 150 millones de dólares, de los cuales 50 millones fueron al exterior para la compra de equipamiento y 100 millones de dólares fue en sueldo, jornales e impuestos, en el exterior hubiera sido más valioso.

Lo positivo es el ejemplo de la política de Estado, acá pasaron 5 ministros de Defensa, de la doctora Nilda Garré, Arturo Puricelli, ingeniero Rossi , Martínez y ahora Arturo Aguad. Esto demuestra que cuando hay una política de Estado las cosas se pueden hacer y terminar. Por eso el Irizar es algo importante para el país, porque todos mantuvieron este proyecto sea la idea política que tengan.

Cómo fue el viaje de prueba?

Para nosotros fue en dos etapas, salimos de Buenos Aires, llegamos a Ushuaia y cargamos combustible para llegar a la Antártida. De Buenos Aires a Puerto Belgrano fuimos haciendo algunas pruebas de mar con diferentes motores, de potencia, la parte náutica digamos. Nosotros nos volvimos a Buenos Aires y el buque tardó 3 días en llegar a Ushuaia. Fuimos hasta allí, el 12 era el aniversario de esa ciudad y hubo mucha gente visitándolo. Luego salimos a la Antártida, pasados unos 3 días encontramos la zona de hielo, donde se dice el ‘campo‘, es como una salina donde ves mucha sal, bueno acá lo mismo, todo el paisaje es blanco y todo hielo. Bajaron los científicos para buscar el espesor que queríamos para romper y la eficiencia del buque. Luego de una semana de romper hielo en diferentes velocidades y direcciones nos volvimos.

¿Cómo fueron los resultados?

Salió todo bien, estamos en el Astillero Tandanor ajustando algunos sistemas. El casco es el mismo que antes pero tiene otra potencia con otros motores. Los sistemas están probados a unos 20 grados bajo cero y demás, haciéndole algunas cosas.

¿Cuánta gente estuvo trabajando en la restauración del buque?

Por día en el buque estaban trabajando unas 200 o 250 personas, dependía de la actividad, además de algunas empresas contratistas, de acá y del exterior, de Finlandia y otros proveedores del mundo, es el primer buque de la Armada Argentina con propulsión de corriente alterna de media tensión, con 3.300 volts como los cruceros. Es un barco que pasó 7 generaciones del punto mecánico y avance tecnológico.

¿Usted siempre trabajó para barcos argentinos?

Trabajé con muchos barcos, cuando me recibí fui a Domecq García, una fábrica de submarinos en nuestro país, luego por algunas cuestiones políticas me contrató Tandanor, luego de un tiempo estuvieron por cerrarla y los que estábamos como gerentes la recuperamos. Se mantuvo, volvió a resurgir y cuando el Estado vio lo que era con presencia internacional, reparando 180 buques por año, el Estado la tomó, confió y aportó.

Siempre trabajé en Tandanor en diferentes puestos y me hice cargo de este proyecto, ya casi terminándolo, hoy mirando algunos nuevos proyectos. Reparamos barcos de acá y extranjeros, cuando llegan a Buenos Aires y necesitan reparar nos ven a nosotros si se llega a un acuerdo, por ejemplo un barco de Alemania, busca astilleros pidiendo precios internacionales y si les convence llegamos a un arreglo. Mucho de nuestro trabajo es con barcos de Petrobras, de Brasil; griegos, todo depende cómo esté el mercado y el dólar.

¿Podemos concluir entonces que un castense fue el encargado de la reparación del rompehielos Irizar?

¡Sí! Uno se siente orgulloso porque cuando estábamos navegando, estando sólo en el camarote con la computadora y mirando el paisaje que es todo hielo, me preguntaba ¿Qué hago yo acá? Cómo es la vida que me trajo acá… Nunca olvido mi querido Eduardo Castex, mi casa en la Avenida Independencia al 1300, al lado de la excarnicería de Oscar Suárez, del taller de Kholler.

Recordaba la hora de la siesta cuando salía a cazar chicharras y esperar que la pileta de Racing Club abriera, porque lo hacía a las 3 de la tarde. Y mirá qué felices éramos, estar en la plaza que no había nadie… y lo que es la vida, cambiando de lugares, nunca estuve al lado del mar, pero hay una cosa que decimos nosotros siempre: somos argentinos, un crisol de razas, venimos de inmigrantes y en algún momento navegamos. Pero bueno, recordaba los caminos de la vida, de estar en un lugar de llanura como es La Pampa, a llegar a la Antártida.

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